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Nunca está más de dos meses en un lugar. Trabaja en los campos del sur como agricultorimprovisado. Cambia su celular constantemente. No sabemos si los pierde, los olvida o simplemente los cambia. Se alimenta de manera precaria de los animales que da la naturaleza y, pese a todo, mantiene un perfecto estado físico.
Pero no puede dormir tranquilo. Ni tampoco vivir tranquilo. Es una victima-victimario de su vida. Y por lo mismo la opción de exorcizar sus culpas por medio de la iglesia evangélica es un paso natural para nuestro mocito.

¿Quién es el? Su nombre es Jorgelino Vergara. Servía el café, los sándwich y la comida a su jefe. Dormía y vivía donde trabajaba. Tenía 14 años y su patrón terminó reemplazando la figura paternal que el perdió cuando pequeño.
Pero no, no trabajaba en un bar. Trabajó para la DINA y posteriormente para la CNI. Y las personas a quienes atendía eran torturadores del escuadrón Simón Bolivar.
Los mismos asesinos que masacraron a gente como Víctor Díazjefe del PC cuyo cuerpo está amarrado a un riel y hundido en el mar.
La vida de Jorgelino es extraña e impenetrable. Y a lo largo de esta cinta nunca entendemos bien cual fue su nivel de participación en los hecho. Pero más allá de eso es el mismo tipo que tuvo los cojones al identificar a 47 agentes de la DINA ante la justicia.
Y sólo por eso debería valer la pena ver esta cinta.
La dan hoy viernes a las 1530 en la sala UC. No te la pierdas.

—Constanza Miranda.

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